Blog

RSS

La matanza, una tradición gastronómica muy extendida

11-05-2021


La matanza, una tradición gastronómica muy extendida

Antes de la aparición de carnicerías y supermercados, las familias criaban animales de corral para su consumo, siendo la mujer normalmente quien se encargaba de sacrificarlos y preparar su carne para cocinarla. En días señalados tenían lugar comidas que requerían mayor elaboración, por motivo de alguna fiesta o celebración. En nuestras tierras, el domingo, considerado día de descanso, se preparaba un cocido, una paella o un perol de costra. A lo largo del año se criaba un pavo cuya carne se aprovechaba para hacer las pelotas en el día de Navidad o, como dicen en el Camp d´Elx, les terongetes de ‘Nal’


Pero una de las costumbres populares más extendidas por toda Europa es la que se conoce como hacer la matanza, que consiste en el sacrificio de un cerdo -incluso dos en algunas casas- para aprovechar su carne y así obtener reservas de alimento durante los meses siguientes. En el medio rural, esta se llevaba a cabo en una vivienda, donde familiares, amistades y vecinos/as colaboraban en todo el proceso.


El evento se planificaba para noviembre, coincidiendo con la llegada de los primeros días de frío, que facilitaban la elaboración de embutidos y favorecían su conservación. Además, el ambiente que se respiraba era festivo, ya que estas provisiones conformaban el avituallamiento de las despensas familiares durante unos meses, incluso todo un año en algunos casos.


Para el sacrificio podían contratar a un matarife, persona encargada de matar al animal y que también colaboraba en el despiece de la carne. Este tomaba unas muestras del hígado y de la asadura del animal, que se llevaban al veterinario para que descartase alguna enfermedad que pudiese afectar a la hora de consumir su carne. Una vez dado el visto bueno, comenzaban a prepararlo todo. Se hacían longanizas con las tripas del cerdo, cansalá con la panceta, la sangre se reservaba para hacer morcillas, las manitas se conservaban en sal para añadirlas a un guiso, la manteca se reservaba para los embutidos y para los mantecados de Navidad… todo se aprovechaba, como dice el popular refrán, “hasta los andares”. Como no existían las neveras, los embutidos se almacenaban en la cambra de la casa, una habitación situada en la parte superior, colgados de una caña, como reserva de alimentos para toda la familia.


En muchos pueblos continúa la tradición de llevar a cabo la matanza el día 11 de noviembre, día de San Martín. Esta puede durar varios días, debido a la cantidad de procesos que requiere, manteniendo siempre su carácter lúdico y participativo.


Autor: Borja Guilló, técnico del Museo Escolar.

¿Quiéres conocer todas nuestras novedades?

¡Suscríbete a nuestra newsletter!


Mecenazgo

Mecenazgo

Multimedia

Multimedia

Multimedia

Colecciones

Premios y reconocimientos



Top