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La vestimenta de la mujer del Camp d’Elx

12-03-2021


La vestimenta de la mujer del Camp d’Elx
Imagen 1 Imagen 2: delantal Imagen 3: pañuelo de Imagen 4

La nueva exposición del museo “Mujer rural, el trabajo invisible”, tal y como indica su nombre, trata el tema de la mujer del campo y reivindica la importancia de su trabajo en las labores domésticas y en la agricultura. Una de las piezas que forman parte de la muestra es un maniquí de mujer, con la ropa tradicional que vestía en el ámbito rural durante la primera mitad del siglo XX.


La vestimenta era un signo de distinción social: evidenciaba las diferencias entre el campo y la ciudad, entre las clases sociales, entre la mujer y el hombre…, así como el día a día. Es decir, que, al igual que ocurre hoy, no se vestía igual para trabajar que para acudir a una celebración o a una cena. Trajes de diario, de trabajo, de los días de fiesta... Entonces, ¿cómo vestía la mujer del Camp d’Elx?


De forma habitual, la mujer vestía camisa blanca, falda larga y delantal con peto. Para trabajar en el campo (cultivar la tierra, recoger la siembra, alimentar a los animales…) utilizaba una camisa vieja de hombre, de manga larga -ya fuese verano o invierno-, para protegerse del sol y de los posibles rasguños. Además, para protegerse los brazos usaban manguitos de color oscuro y con gomas en las muñecas y en los antebrazos para ajustarlos (imagen 1). Cubrían sus piernas con falda larga y, encima, una sobrefalda. No podía faltar el delantal de peto con bolsillos, donde guardaban sus cosas mientras trabajaban (imagen 2). Toda la ropa que vestían estaba elaborada con algodón y empleaban telas reutilizadas, es decir, que usaban la ropa vieja que ya no se ponían para confeccionar la nueva. Protegían el cuello con el pañuelo “de fardo”, que se llamaba así porque con ese tipo de pañuelo hacían la “bolsa” para cargar ropa u otras pertenencias, poniéndolo todo en el centro del pañuelo y uniendo y atando los cuatro picos después (imagen 3). La cabeza la cubrían con ese mismo pañuelo u otro, siempre de color oscuro, que ajustaban al rostro atándolo bajo la barbilla. Además, en épocas de calor llevaban un gran sombrero, que las protegía de los rayos del sol.


Llegados a este punto, es necesario aclarar que la moda era un fenómeno urbano y que lo que se vestía en el campo estaba más vinculado a lo funcional y a lo cómodo: no mancharse, no arañarse, no quemarse por el sol, etc.


En cuanto a la ropa interior, las mujeres del campo llevaban sujetador, camisa interior o camisola y enagua, pero, al parecer, en los tiempos antiguos a los que nos estamos refiriendo, no llevaban bragas… Según testimonios orales conservados en el museo, en el pasado, afirman haber visto a mujeres en el campo orinando de pie…


Siempre calzaban alpargatas de esparto o de yute. Era muy raro ver a una mujer rural llevar zapato cerrado. Incluso en las ocasiones más especiales seguían llevando alpargatas, pero con bordados o algún detalle característico; ellas mismas se las hacían, por lo tanto, algunas alpargatas se las elaboraban más decoradas.


El pelo siempre lo llevaban recogido en un moño llamado “pirri”. La mujer se hacía una coleta, que abrían en dos partes para hacerse dos trenzas, que luego enrollaban en la nuca con horquillas, como una cuerda enroscada. Hay quien se colocaba una pequeña peineta para decorar el moño. Para fijar el peinado se ponían limón, aunque también podían extenderse petróleo -el mismo que se utilizaba para los quinqués-, puesto que tenían el cabello muy seco y, al parecer, el petróleo se lo humedecía. Nuestras fuentes aseguran que el olor era insoportable, como puedes imaginar…


En ocasiones especiales, como los domingos o durante las festividades locales (como, por ejemplo, las Fiestas del Ángel), la mujer rural seguía el mismo patrón de vestimenta: camisa, falda larga y delantal. Pero cambiaba la camisa de hombre de faena por una blusa más elegante -sin nada de puntilla, por supuesto, dado que esto se reservaba solo a las prendas del ajuar- y un delantal, asimismo, más elaborado. Completaba el atuendo una toquilla o chal, muy largos y en invierno de lana, habitualmente de color negro. La mujer casi siempre iba de colores oscuros, negro o gris, porque juntaba un luto con otro; tal es así, que la mayoría de ellas vestía de luto toda su vida (imagen 4). También hay que tener en cuenta que no había telas de todos los colores, que las telas eran más simples y sobrias, los colores más llamativos llegarían años después. El vendedor ambulante llevaba las telas en su carro, que vendía por las casas de campo, con las que la mujer elaboraba toda la ropa, tanto para la familia como para el hogar.


En esas efemérides, la mujer podía llevar algún pendiente largo, muy sencillo, así como maquillaje, colorete y/o pintalabios, principalmente. Algunas de nuestras informantes recuerdan haber visto en los tocadores de sus madres y abuelas rizadores de pestañas y tenacillas de pelo, unas pinzas con muchos dientes que se calentaban al fuego para peinar el cabello con ondas.


Los avances durante los últimos 100 años con respecto a las diferencias campo-ciudad son enormes, también en lo que respecta a la vestimenta hombre-mujer, tal y como podemos extraer del siguiente ejemplo. En mayo de 1911, Diario de Alicante publicó un artículo sobre la conmoción que provocó una mujer, calificada de “fácil”, porque se atrevió a salir a la calle con una “falda-pantalón”, por lo cual fue perseguida, abucheada, víctima de chistes groseros y acorralada por una multitud enfurecida… Y esto en una ciudad, en capital de provincia… ¿qué habría sido de esa mujer si esto hubiese ocurrido en una zona rural?


Hoy en día, la vestimenta está más homogeneizada. Carlos Ferrater (1999) hablaba de la democratización de la forma de vestir (con respecto a campo-ciudad), hace más de veinte años, pero ¿está realmente democratizada?, ¿el hombre lleva vestido o falda sin ser juzgado?, ¿puede vestir la mujer como quiera? Lo ocurrido hace escasos días en la gala de entrega de los premios Goya evidencia lo contrario… ¿no crees?


Autora: Marian Tristán, coordinadora del Museo Escolar.


Fuentes y bibliografía:



  • Archivo del Museo Escolar de Pusol: entrevista realizada a Rosa Vicente García, vecina de Puçol y alcaldesa pedánea [9 de marzo de 2021], inédita.

  • Ferrater, C. (1999): «La vida cotidiana. El ocio», en Los inicios de la modernización en Alicante. 1882-1914. Alicante, Caja de Ahorros del Mediterráneo, p.332-334.

  • Soler, A. y Brotons. B. (1986): S’ha perdut una cultura del camp d’Elx, 1986, Elche, el autor.

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