Herramienta de madera de forma rectangular -se asemeja a una gruesa tabla- con varias filas de púas de hierro ordenadas en hileras en uno de sus lados menores. Estas púas sobresalen un par de centímetros por la parte inferior de la tabla. El rastrillo se utilizaba para "peinar" la fibra de cáñamo, tras el espadado, preparándola para usos posteriores. Junto a las filas de púas, hay un pincho grueso y ligeramente curvo denominado "tronchador", cuya función es romper las madejas, reduciendo su tamaño. Cuando el rastrillo no se utiliza, las púas se tapan con una funda de madera.
Después del espadado del cáñamo, se hacía el rastrillado: con el rastrillo se peinaba la fibra y se dejaba sin nudos para el posterior proceso del hilado. Rastrillar el cáñamo hasta conseguir una suerte de madeja a partir de la cual proceder al hilado u otros procesos. Dentro de las complejas tareas que revestían los procesos del cáñamo, según Albert Lucas, el rastrillado significaba "el punto culminante del tratamiento" (Albert, 1989:74). Para rastrillar, la herramienta se colocaba en alto sobre un soporte que se fijaba en la pared. El operario pasaba la madeja repetidas veces por las púas, tirando de aquella para peinarla y dejarla lista para cualesquiera otros usos.