El bocado seleccionado tiene una construcción estándar, con anillas en sus dos barras laterales que servían para la sujeción con el resto de correajes para el manejo del animal. Como peculiaridad, está pintado con lo que parece ser un esmalte de color verde, lo que indica la voluntad de su mantenimiento y evitar su deterioro con esta capa de protección. Este material, además, nos lleva a pensar que podría haber sido utilizado ya en los inicios de una sociedad industrial que estaba a punto de eclosionar.
El bocado, junto la serreta, son accesorios complementarios, pero fundamentales para someter al animal. Ambos debían engancharse a las frontaleras mediante anillas, que al mismo tiempo servían como nexo para los ramales. Con la fuerza aplicada a través de los ramals se podía dominar de manera más eficaz, ya que, por un lado, al tirar, la serreta podía ejercer presión en el hocico del animal, que, al ser un área sensible, podía causar un pequeño dolor o incomodidad mediante los dientes presentes en su forma semicircular; por otro lado, el bocado o freno, fabricado en hierro, encajaba en las comisuras, con una pequeña desviación en su barra central -también llamada embocadura- para dejar, en definitiva, espacio para la lengua del animal.