Con anterioridad a la generalización de los cartuchos se utilizaban armas de avancarga, coloquialmente denominadas “pistoneras”, fabricadas, probablemente, en la localidad guipuzcoana de Eibar, en el siglo XIX. Como su propio nombre indica, estas armas se cargaban por la boca del cañón, introduciendo, por este orden, pólvora, papel y perdigones, ejerciendo presión con la baqueta que llevaban incorporada.
El cuerno de pólvora está realizado con cuerno de bóvido y cierres de metal. Presenta coloración beige y forma aplanada de media luna (curva) de sección descendente. En su parte estrecha aparece un dosificador con un visor, para echar la pólvora en el cañón sin derramarla y poder ver la cantidad que se deposita, que ha de ser la adecuada. Dos pequeñas arandelas servían para colocar una correa y portar colgado el elemento.
El cuerno servía para echar la pólvora en el ánima, evitando derramarla y, por tanto, desperdiciarla. La forma de este elemento permitía realizar esta función de forma eficiente. El cuerno de pólvora es una pieza singular, probablemente, solo al alcance de una minoría.