Herramienta agrícola que consiste en una pala cuadrangular de hierro unida a un mango largo de madera por uno de sus lados, mediante un anillo que encaja y lo sujeta; el otro lado supone la parte cortante. Ambas partes forman una pala con un ángulo agudo.
Sobre el mes de noviembre, el terreno había que estercolarlo para restablecer los nutrientes, aquellos que habían ayudado al fruto a madurar durante la campaña anterior. Si era posible, se pasaba el arado entre las hileras de las plantas, un par de veces al año, para favorecer que la tierra se oxigenara, asegurando mayor fertilidad. De no ser posible, muchas veces por el espacio disponible entre cepas, el abonado debía ser directo en cada una de las plantas. Para ello, se hacían valer de un escardillo o una azada de hoja larga para profundizar en la tierra, abriendo un alcorque junto a la base de la cepa para después rellenarlo de estiércol.