Esta herramienta consistía en unas tablas de madera, arqueadas en uno de sus extremos, unidas entre sí, formando una especie de trineo. En su parte inferior, dispuestas en hilera, llevaba incrustadas piedras afiladas que, una vez colocado el trillo en la era, iban cortando a su paso la parva extendida. La parte curvada quedaba en la parte frontal, evitando que, durante el proceso, las mieses pasaran por encima del trillo.
Arrastrado por la caballería, el trillo servía para cortar la paja, gracias a sus piedras cortantes incrustadas. Este trabajo se hacía en la era, en un suelo de tierra duro, firme y de forma circular instalado en zonas altas, abiertas y ventiladas, donde se amontonaba y esparcía el trigo segado. Después de preparar la parva (es decir, de amontonar aquello que debe ser trillado) y pasar el rulo para separar el grano de la espiga, el animal de tiro arrastraba el trillo.
Para una mayor eficacia del troceado, se colocaba peso sobre el apero, ya fuera mediante piedras o aprovechando el peso de una persona, que bien podía ser el del propio agricultor. En ocasiones se subía a los niños o a las niñas, quienes disfrutaban de esta actividad como un momento de recreo y disfrute.