También se capturaban pájaros vivos para adiestrarlos en el canto, una modalidad de caza, el silvestrismo, practicada desde antiguo con redes y ligas y, en la actualidad, como todas, controlada por la ley. Codiciados por su canto y por la belleza de su plumaje, estos fringílidos eran mantenidos en pajareras o jaulas grandes con el fin de que criaran.
La jaula de cría está hecha de madera y metal y presenta una forma rectangular (39,5 cm x 24 cm), con sendas cajas-nido sujetas en los lados menores opuestos. Estas cajas son, asimismo, de madera, de forma cuadrangular (13 cm x 13 cm, aproximadamente) y disponen de una oquedad en su parte inferior, con el fin de colocar ahí el nido, una semiesfera metálica de unos 9 cm de diámetro, parecida a un colador de cocina. Las pequeñas puertas de la jaula se abren debajo de las cajas-nido.
Su función era mantener en cautividad y propiciar la cría de pájaros cantores.