Este aparato, similar en su forma a una carretilla de mano, incorpora un rodillo repleto de hileras de púas, que, al girar en contacto con la superficie del terreno, va pinchando todas las aceitunas que se encuentra a su paso. Estas van girando, según lo hace el rodillo, hasta la parte delantera, donde una especie de peine las retiene, liberándolas así de las púas, terminando por caer sobre una cubeta metálica que lleva incorporada.
Cuando se daba por concluido el vareado, las telas permitían amontonar toda la oliva que había caído sobre ellas, pero siempre había alguna que había caído fuera. Estas olivas también se recogían, probablemente a mano, dado que no eran tantas. Aun así, con la industrialización del utillaje a mediados de siglo XX aparecen los recogedores o recolectores de aceitunas del suelo.