Máquina de metal (tan solo los mangos son de plástico) que se accionaba mediante un motor y lanzaba azufre en polvo (u otros productos) sobre la plantación. Debido a su peso y dimensiones, así como en aras de su efectividad, era transportada por dos personas, una en cada extremo, sujetándola mediante dos asas y con una cinta que se ajustaba al cuerpo de sus portadores.
Había que evitar que las plagas afectaran a los cultivos, de ahí que, periódicamente, se los fumigara con determinadas sustancias utilizando máquinas como este espolvoreador “Matador M5”, fabricado por la Casa Klaebisch en Barcelona.
El empresario alemán Alfred Klaebisch procedía de una familia que se estableció en esta ciudad tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, donde comenzaría a desarrollar una importante actividad industrial, vendiendo objetos de importación o patentando inventos, entre otras ocupaciones.