02-10-2026
Estos pequeños y pequeñas compañeros y compañeras de aventuras han estado presentes en las infancias desde, según los vestigios arqueológicos, el Egipto faraónico o la Roma clásica. Pequeñas figuras de terracota acompañaban a los infantes y, aunque durante mucho tiempo fueron interpretadas desde su elevado carácter simbólico, las nuevas lecturas apuntan también al juego como una actividad social inherente al ser humano. No es de extrañar que estos pequeños seres inertes fueran representaciones antropomorfas: al igual que ocurre con los animales, los humanos utilizamos el juego como herramienta para el desarrollo cognitivo y de habilidades que serán útiles durante la madurez.
Las primeras muñecas y muñecos se realizaron con los materiales que ofrecía el medio: madera, arcilla y tela. Poco a poco y con la llegada de las sociedades de consumo se convirtieron, en muchas ocasiones, en bienes de lujo, reservados para el juego de unos pocos niños y niñas.
Las famosas muñecas de porcelana han despertado sentimientos muy diversos. Sus suntuosos vestidos y tirabuzones las han convertido incluso en protagonistas de películas para públicos muy diferentes, desde el cine infantil hasta al de terror. Muchas de estas muñecas, a menudo importadas, eran manufacturas realizadas mediante diferentes técnicas. Entre ellas encontramos las de porcelana vidriada, conocidas como “muñecas chinas”, del siglo XVIII. Las llamadas así porque, aunque procedían de Alemania y Francia, presentaban rostros de rasgos asiáticos. Por otro lado, los ojos solían ser de vidrio, o pintados directamente sobre el cuerpo de la muñeca.
Sin embargo, la técnica que se popularizó durante el siglo XIX -un siglo marcado por el gusto artístico realista- fue la del bizcochado sin esmalte. Esta técnica daba a la porcelana una textura mate y un aspecto más naturalista, acercando el rostro de las muñecas a una representación más real de la piel. Su uso se mantendría hasta nuestros días.
Durante el siglo XIX también se popularizaron los llamados bébés, en francés, muñecos que, a diferencia de las muñecas que representaban a mujeres adultas, buscaban reproducir los rasgos y proporciones de los niños y niñas. Sus cuerpos rechonchos, grandes cabezas y facciones infantiles reflejaban una nueva concepción de la infancia y del propio juego. Muchos de ellos se acompañaban de cunas, cochecitos, biberones y vestidos, creando todo un pequeño universo de cuidados que permitía a las niñas reproducir, a través del juego, las prácticas y roles de la vida cotidiana.
En contraposición a este tipo de muñecas, consideradas incluso objetos de lujo, en el llamado Valle del Juguete se desarrollaron técnicas para crear muñecas a un menor coste. En Onil, una de estas ciudades cuna del juguete, Ramón Mira Vidal, que trabajaba como Guardia Civil, tuvo que viajar por diferentes ciudades, lo que le permitió conocer otras realidades de la infancia y los juguetes extranjeros que llegaban hasta ellas. A él se atribuye la primera muñeca española, creada en 1870, medía apenas 10 centímetros y estaba hecha de barro y, actualmente, se conserva en el Museo de la Muñeca de Onil. Su peso hacía difícil fabricar muñecas de mayor tamaño, por lo que desarrolló una pasta especial a base de fécula de patata, harina, serrín y corteza de pino. Las diferentes partes se realizaban mediante moldes y posteriormente se ensamblaban para permitir su articulación, aunque seguían siendo pesadas debido al serrín presente en su composición.
Más adelante, con la llegada del cartón, la empresa contestana Hijos de Francisco Merín Pérez desarrolló la famosa gatxa, una pasta de cartón más ligera y manejable que se reforzaba con cola y se pintaba a mano. Este nuevo material permitió fabricar muñecas más accesibles y ligeras. Sin ir más lejos, la primera Mariquita Pérez, una de las muñecas más famosas de la época, estaba hecha de cartón y tenía ojos de cristal.
A mediados de siglo, concretamente en 1950, se instalaron en Onil las dos primeras máquinas inyectoras de plástico. La modernidad había llegado para quedarse en la producción de muñecas, abaratando los costes y permitiendo la aplicación de nuevas técnicas y formas.
También cabe mencionar el importantísimo papel de los muñecos de tela, presentes hasta nuestros días en forma de peluches o muñecas de trapo. A menudo se confeccionaban con los retales de ropa que sobraban de aquello que se hacía en casa, convirtiendo los restos de otros tejidos en nuevos compañeros de juegos.
Los cambios sociales y económicos se han reflejado siempre en estas personitas en miniatura: en los materiales con los que fueron fabricadas, en la moda de sus vestidos y peinados e incluso en los cánones de belleza de sus cuerpos, cada vez más esbeltos y adultizados.
Hay cosas que no cambian y el gusto por las muñecas es una de ellas. Mérida y Nora miraban fascinadas los bucles de la Mariquita Pérez que eligieron exponer en el panel “Pequeños y grandes muñecos”. También observaron las marcadas diferencias entre la ropa, los materiales y las figuras de las primeras Nancys y las Monster High con las que juegan ahora.
Quizá, al final, las muñecas también sean un pequeño reflejo del tiempo en el que viven quienes juegan con ellas: cambian sus vestidos, sus cuerpos y hasta sus rostros, pero permanecen como compañeras de aventuras y como una forma de entender y representar el mundo que nos rodea.
Autora: Ana Campos Martínez, coordinadora de la Casa-Museo de l'Hort dels Pontos.
Bibliografía:
"History of China Dolls", [en línea] Dirección URL: <https://quintessentialantiquedolls.wordpress.com/history-of-china-dolls/l>. [Consulta: 31/08/2026]
“Historia de las Muñecas de Onil”, [en línea] Dirección URL: <https://xn--museodelamuecaonil-x0b.es/las-munecas-de-onil>. [Consulta: 31/08/2026]