09-01-2026
Estamos más que acostumbrados/as a los pupitres expuestos en el museo, en el pequeño espacio dedicado a la escuela de los años cincuenta del pasado siglo XX. Pupitres para dos alumnos o alumnas, de madera y tablero inclinado fijo. Recientemente, nos han donado una “nueva” versión de pupitre, una más tardía que la que exhibimos. Aún hoy, casi 11 años después de haber cruzado las puertas del museo por primera vez como parte oficial del equipo, sigo sorprendiéndome con los elementos que nos dona la gente. Y me encanta.
La donación se basa principalmente en un pupitre de madera color verde -típico tono muy reconocible de mobiliario escolar- y metal, plegable, con una superficie inclinada que, al abrirla, revela un compartimento para almacenar material escolar y muestra un mapa de España fechado en 1964. Se trata, por tanto, de un pupitre de los años sesenta.
Esta pieza nos lleva a pensar en la evolución del pupitre como un claro reflejo de los cambios que iba atravesando la enseñanza en esas décadas. Nos encontramos, primero, con bancos corridos que incluían una mesa ensamblada; un mobiliario de lo más incómodo, dado que ni siquiera contaban con respaldo. Los pupitres posteriores seguían siendo de madera, muy pesados, normalmente bipersonales -para dos alumnos o alumnas-, con los asientos abatibles, una rejilla para elevar y apoyar los pies y un tablero inclinado fijo, con el orificio para el tintero y una ranura para los lápices. Estos son los bancos que podemos encontrar expuestos en Puçol, unos bancos que no se adaptaban al alumno/a y que buscaban favorecer una postura correcta para el trabajo.
A partir de los años cuarenta del siglo XX, a raíz de la llegada de influencias pedagógicas más “laxas” y de los avances tecnológicos aplicados fuera de la industria armamentística, los pupitres fueron haciéndose menos rígidos, el diseño se simplificó y se incorporó el metal como material (tubos de acero); el tablero se volvió horizontal y la silla se separó de la mesa, priorizando la libertad de movimiento y la funcionalidad. Del sistema banco-mesa y estrado para el profesor o profesora del método de enseñanza más tradicional, a la mesa y silla independientes e individuales, cuando se hizo esencial el desplazamiento libre y frecuente por parte del alumnado para el trabajo individual, en pareja o en grupo.
Todos estos cambios en el mobiliario escolar tardaron en hacerse efectivos en España. Hasta los años sesenta, continuaron utilizándose los pupitres rígidos bipersonales, incluso hasta finales de los setenta en zonas rurales.
El pupitre verde plegable que nos incumbe surge tras el desuso de aquellos bancos de madera robusta bipersonales, como una solución práctica a las necesidades de espacio (es de fácil almacenamiento) y economía de escuelas y hogares. Se trata de un diseño optimizado, funcional, ya con la incorporación de elementos metálicos.
De lo estático al movimiento, de lo recio a lo ágil, de lo ornamental a lo funcional. Sin embargo, el mobiliario escolar sigue obviando lo más importante: la comodidad del alumnado. Sin esa ergonomía, es decir, sin tener presente las necesidades individuales de cada alumno/a, de cada cuerpo, el problema continuará existiendo, desde la influencia en la realización de tareas hasta cuestiones de salud1. No me refiero a que los deficientes resultados escolares se deban al mobiliario -ni mucho menos-, pero todos y todas hemos pasado horas en sillas durísimas deseando levantarnos, deseando movernos. Por suerte, ya no tenemos la silla anclada a la mesa.
Autora: Marian Tristán. Coordinadora del Museo Escolar de Puçol.
Bibliografía
[1]Rodríguez Jácome, L. y González Torre, P. L. (2011). “La evolución del mobiliario escolar”, Técnica Industrial, 295, pp.64-69. [En línea]. <www.tecnicaindustrial.es/wp-content/uploads/Numeros/80/451/a451.pdf>. [Consulta: 24/11/2025].
Esteban Mateo, L. (2000). “El mobiliario escolar o la evolución de la Arqueología material de la Escuela (1875-1945)”, La escuela en Elche. Una mirada histórica el mundo de la enseñanza, Elche, pp.267-296.