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Elche en la Geografía de Lautensach

26-01-2026


Elche en la Geografía de Lautensach

La primera edición de la Geografía de España y Portugal, escrita por Hermann Lautensach, cumplió sesenta años el pasado 2024. En 2027 hará lo propio -es decir, celebrar sus seis primeras décadas de existencia- su traducción al castellano, publicada por Vicens Vives en 1967, con prólogo de Vilà Valentí.


Viajero infatigable, el profesor Lautensach (1886-1971) fue un gran estudioso de nuestro país, que desde 1927 recorrió no menos de “quince veces”, como él mismo afirma en la introducción del libro; viajes, algunos de ellos, de varios meses de duración, durante los cuales este eminente geógrafo rellenó numerosos cuadernos de campo con comentarios certeros y precisos sobre todas aquellas observaciones que despertaron su curiosidad, ofreciéndonos un fresco impagable de pueblos y paisajes. El resultado más completo y, desde luego, voluminoso fue esta extraordinaria geografía de la Península, que el autor describe pormenorizadamente. A lo largo de sus 800 páginas, por la obra de Lautensach desfilan tanto áreas urbanas como numerosos espacios agrarios o naturales, todos ellos de gran relevancia geográfica para conocer cómo era nuestro territorio décadas atrás. 


Es interesante destacar el método que emplea para dividir las regiones, caracterizadas por él en función de determinados rasgos físicos, que son los que acogen las diversas actividades que desarrolla la sociedad en cada una de ellas. Sobre nuestra ciudad, que él sitúa en una región natural denominada “Alicante-Adra”, dejó escrito lo siguiente:


“El oasis de Elche (73.320 hab.) es el mayor en mucho y, probablemente, también el más antiguo. En efecto, el nombre se deriva del romano Ilici y sus habitantes se llaman todavía ilicitanos. […] Elche está situada en la parte alta de uno de aquellos conos de deyección. La rambla del Vinalopó se ha encajado en él a 15 m de profundidad, y la ciudad, de construcción apretada, se extiende en su orilla izquierda a lo largo de 1.400 m de largo por 500 de ancho en dirección sudeste. Los barrios existentes ya antes de 1500 tienen todavía planta mora. Inmediatamente junto a la ciudad empieza el bosque de palmeras, que actualmente cuenta unos 100.000 árboles. El regadío se realiza desde antiguo por medio de un canal, desviado del río Vinalopó en un pequeño pantano cercano a Aspe, y recientemente, además, por medio de dos canales que vienen del Sudoeste, paralelos a las isohipsas. Las palmeras se levantan junto a las orillas de zanjas de regadío, que se cruzan en ángulo recto. Se cultivan no solo por sus frutos, sino también para la obtención de palmas para el Domingo de Ramos. Con este fin, las copas de las palmeras masculinas se atan antes, en primavera, para que el color verde se vuelva amarillo. En los rectángulos comprendidos entre las palmeras crecen granados de flores escarlatas, geranios, cebada, patatas y cáñamo. Las blancas casas de tejado plano de los propietarios o arrendatarios se levantan en los huertos, que a menudo están separados entre sí por vallas de viejas palmas cruzadas, de color amarillo pardusco. El agua de regadío tiene que ser comprada diariamente. En Elche, al igual que en los otros cuatro oasis citados, se ha desarrollado la fabricación de alpargatas y zapatos a partir de la cordelería de cáñamo. Otras ramas industriales producen conservas de frutas, artículos textiles, de madera, de papel, de esparto y de caucho […]”. 


Con estas líneas extractadas de su puño y letra, queremos recordar la figura de un gran estudioso de la Península, a la que dedicó años de su vida para regalarnos una magnífica obra, cuya lectura -pese al tiempo transcurrido- nos ayuda a conocer nuestro pasado reciente.


 Autor: Rafa Martínez, director del Museo Escolar de Puçol.

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