23-07-2025
El Museo Escolar de Puçol es fruto del esfuerzo generoso de mucha gente, hombres y mujeres que hicieron posible un espacio para la educación y la cultura. Los/as vecinos/as de Puçol fueron los primeros en asomarse al colegio de la pedanía y compartir sus vidas con él. Una de estas personas fue Daniel Coves “el Albaterano”, recientemente desaparecido; un hombre duro forjado en un Camp d’Elx muy distinto del actual. Labró con mulas y escuró séquies, entre otras tareas que, durante años, compatibilizó con su trabajo en la fábrica de Ripoll, haciendo bueno ese diálogo secular existente entre la ciudad de Elche y su campo. En todas ellas derrochó responsabilidad, compromiso y liderazgo, cualidades que no excluían su campechanía y su capacidad de sacrificio.
De todo ello puedo dar fe. Como tantos/as otros/as compañeros/as, en mis tiempos de estudiante universitario (y recién licenciado) aproveché los veranos para realizar trabajos eventuales y sacarme algunas “pesetas”. Daniel fue el capataz de una de las cuadrillas que cortaba granadas para el almacén de Santiago Mira, cuadrilla de la que formé parte durante varias campañas. Yo era el listero; pasaba lista en la “fumà” de la tarde y escribía los nombres de los que estábamos ese día en el tajo, una función importante y necesaria con la que me gané el respeto y el cariño de unos compañeros a los que nunca olvidaré.
Durante unos días también fui montonero, encargado de vaciar los capazos de granadas de la cuadrilla y llenar las cajas que luego se cargarían en el camión. Recuerdo un día en el que se cortaron 16.000 kg de fruta y toda pasó por mis manos, prueba suficiente para, al final de la jornada, pedirle a Daniel que me relevara del cargo...
El final de la “temporà”, a principios de noviembre, lo celebrábamos en la “Palúa”, un huerto de su propiedad en el que asábamos chuletas de cordero de “la Úrsula”, preparábamos ensaladas y bebíamos y charlábamos hasta hacerse de noche. Un año encendimos velas para vernos y poder continuar...
Andando el tiempo fui conociéndolo más. Supe que conoció a mi abuelo Diego y a sus hermanos, también con raíces en Puçol. Nunca dejé de verlo; un día, años más tarde, integrado en el equipo del Proyecto Wadi, de la Universidad de Alicante, me planté en su casa y le pregunté si quedaban balsas de cáñamo en esa zona del campo. Conservo varias fotografías de aquella tarde en la que recorrimos Algorós, Puçol, Matola o Derramador en busca de un patrimonio silencioso y olvidado. Con posterioridad (2017), proyecté una de esas imágenes –él junto a una balsa- en la defensa de mi tesis doctoral en el colegio Santo Domingo (Orihuela), mencionándolo expresamente.
En otra ocasión, una tarde de mayo, lo encontré en la toma del Azud de los Moros, aguas abajo de esta presa, sentado al volante -creo recordar- de una C15 y atento al reparto de agua de los comuneros. Hace unos años (2022) lo entrevistamos para el libro de memoria oral que preparó el Museo. Como siempre que lo visitaba, ese día también me dejé envolver por su sentido del humor y su risa contagiosa, con la que a menudo finalizaba unas reflexiones y comentarios que nunca me dejaron indiferente, habida cuenta del aprecio que le tuve, de su bonhomía, su inteligencia y su irrepetible timbre de voz. Descanse en paz.
Autor: Rafa Martínez. Director del Museo Escolar de Puçol