28-09-2026
Hasta los años sesenta, la vecina comarca del Bajo Segura constituyó una de las principales zonas productoras de cáñamo, cultivo que se extendía por la práctica totalidad de sus poblaciones. Este hecho nos ha dejado unas huellas tanto materiales, muebles e inmuebles, como inmateriales que conforman una rica herencia patrimonial, progresivamente valorada por la sociedad. Prueba de ello es la reciente declaración (2024) como Bien de Interés Cultural Inmaterial de la cultura del cáñamo de Callosa de Segura.
Es sabido que la irrupción de los plásticos en la citada década acabó con la utilización de las fibras naturales y, por ende, con el laboreo del cáñamo, cuya secular presencia en la Vega Baja, como decimos, dejó una profunda impronta. Pasado un tiempo, se comenzaron a poner en valor las actividades relativas al manipulado de esta planta, proceso que debe mucho a iniciativas desarrolladas en dos de los municipios más estrechamente vinculados a su producción. En efecto, en la segunda mitad de los setenta, tanto en Redován como en Callosa de Segura se dieron los primeros pasos para conservar la memoria del cáñamo. Así, la barraca La Gramaera, en la primera de las mencionadas poblaciones y los Amigos del Patrimonio Cultural en la segunda, desarrollaron una temprana labor encaminada a la reivindicación de estos trabajos, acciones que han jugado un importante papel en la difusión de estas manifestaciones culturales, dentro y fuera de la comarca. Y lo hicieron junto a la propia comunidad portadora, aquellos hombres y mujeres que habían llevado a cabo su actividad profesional en torno a unas tareas que aún no habían olvidado. Tareas que, desde los años ochenta, ambos municipios se aprestaron a poner en valor y a darlas a conocer de la mano de sus protagonistas, extremo este con el que se pretendía patrimonializar algo reciente y hacerlo, cómo no, con la gente que lo había hecho posible. Una experiencia -la exhibición de los trabajos del cáñamo- que, tras décadas de existencia, se ha erigido en un acontecimiento esperado por todos/as, entre otras razones porque desde su origen se hizo coincidir con las fiestas patronales de las respectivas localidades.
Este verano que acaba tuvimos la oportunidad de asistir, una vez más, a las demostraciones de Callosa y Redován, experiencias en las que, además de pasarlo bien y encontrarnos con viejos amigos, pudimos comprobar el entusiasmo y el sentimiento de orgullo de estos/as veteranos trabajadores/as. Desde el Museo Escolar de Puçol -lugar en el que reposa la memoria del cáñamo en Elche- felicitamos a la Escuela Municipal del Cáñamo de Callosa de Segura y a la barraca La Gramaera, de Redován -y, por extensión, a todas las personas y administraciones que hacen posible estos eventos- por traernos un trozo de historia cada verano, en un contexto lúdico y participativo en el que todos/as disfrutamos conociendo nuestro pasado.
Autor: Rafa Martínez, director del Museo Escolar de Puçol.