18-08-2025
Qué maravillosos momentos aquellos en los que niños y niñas se sentaban a la fresca -o en el calor del hogar- a leer su tebeo semanal o quincenal, claro está, en caso de que pudiesen sus familiares comprárselos. En ocasiones, olvidamos las dificultades económicas que atravesaban las familias de antes, cuyos miembros en edad de trabajar (es decir, niños/as incluidos/as) laboraban de lunes a domingo -sobre todo, si su trabajo era agrícola o ganadero-; en las que había que alimentar muchas bocas, muchos hijos e hijas, padres, madres o suegros/as. En fin, una época en la que el ocio era escaso. Ahora vivimos en el otro extremo: el ocio ocupa más del 50% de nuestras vidas. Pero centrémonos en ese ocio puntual de antaño del público infantil y juvenil.
Antes de que los cómics de Marvel o los mangas japoneses interrumpieran en nuestras vidas, se leía tebeo español, medio influenciado por el momento histórico, razón por la que, según épocas, algunas cabeceras procuraron el adoctrinamiento del público más joven. Muchos son los ejemplos que tenemos entre las colecciones del Museo Escolar -que cuenta con más de 2.500 tebeos-, pero hoy queremos destacar aquel por el cual estas historietas de animación terminaron por llamarse tebeos.
TBO fue una revista eminentemente de humor -sin ínfulas políticas- dirigida al público infantil y juvenil, que apareció por primera vez en el año 1917 y que se alargó en el tiempo más de 80 años, hasta 1998.
La revista pasó por seis etapas distintas modificando ligeramente su imagen, aunque (casi) siempre mantuvo la misma característica tipografía y color en su título. De impresa en un solo color, en color azul, pasó a ser de dos colores, roja y negra (primera etapa). Ya desde sus inicios tuvo éxito, el cual fue creciendo año tras año; fue la historieta más vendida antes de la guerra civil. En 1972, en su cuarta etapa, pasó a llamarse TBO 2000, aunque tan solo siete años después volvió a cambiar por El TBO. Ya fueron reediciones y un suplemento de la revista Lecturas, hasta que en 1983 se publicó su último número. Sus fondos fueron comprados por la Editorial Bruguera y, a partir de entonces, pese a que se llamaba igual, pasó a ser una revista diferente, tanto en contenido -el humor ya no era tan juvenil- como en diseño, puesto que cambiaron sus clásicas letras en estilo y color. En 1986 quiebra Bruguera y, por ende, TBO. Ediciones B se convierte en su nuevo propietario y continúa editando la historieta hasta finales de los años noventa.
En el Museo Escolar contamos con ejemplares de casi todas sus etapas (a excepción de su etapa “más oscura”, el período de la Editorial Bruguera), siendo el más antiguo que conservamos del año 1931.
La catalogación y registro de estos y el resto de tebeos conservados en el museo se ha podido ejecutar gracias al apoyo de la Diputación Provincial de Alicante, dado que ha subvencionado el proyecto en sus dos fases (2023 y 2025).
Autora: Marian Tristán. Coordinadora del Museo Escolar de Puçol.