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Elche en la década de 1970. Una ciudad en transición

Del 6 de febrero al 24 de mayo de 2026


Sustituir la tierra y gravilla por adoquinado y alquitrán, desplegar bloques altos de hormigón en serie, levantar complejos industriales junto a palmerales y recorrer las calles repletas de señales, luces y comercios con el SEAT 600, siendo éste uno de los mayores símbolos de la cultura española en los años 60 y 70, fue un claro signo de cambio en la sociedad ilicitana y, por tanto, en la vida urbana del municipio.


Esta modernización y mejora de la infraestructura de la ciudad de Elche a gran velocidad, se debió al crecimiento económico y a la apertura al panorama internacional experimentados desde la década anterior, con la importación de modelos culturales y económicos del mundo anglosajón. Aquella Elche, fuertemente apegada a sus tradiciones, que aún mantenía una importante presencia de lo rural, había desarrollado una industria de la alpargata, artículos de caucho y calzado -en esa época suponía alrededor del 80 % de la ocupación industrial -, que, con posterioridad, evolucionó, convirtiendo a nuestra población en uno de los principales exponentes de este sector, siendo conocida como “la ciudad del calzado”.


Ante este horizonte esperanzador, se crearon nuevos barrios -durante los setenta se construyeron más de 23.000 nuevas viviendas en la ciudad- y naves industriales de grandes dimensiones, en los que se oían diferentes voces fruto de un incesante flujo de inmigración: andaluces, murcianos, manchegos y otros trabajadores de otras regiones vieron oportunidades en las fábricas y negocios de la ciudad. Es por ello que la construcción de casas indujo, en ocasiones, a prácticas especulativas, generando otros problemas medioambientales. Décadas atrás, la tala indiscriminada de huertos de palmeras había afectado notablemente el paisaje autóctono y tradicional de Elche.


Es así como la progresiva masificación fue “la horma” de la cotidianidad de los ilicitanos, también trasladada a la producción de artículos de diseño rápido y barato que se apoderaba poco a poco de las tiendas de barrio, con rostros de carne y hueso y productos hechos a medida del hombre y no del mercado. También es tiempo de trabajos invisibilizados como el de las aparadoras que, en su intento de conciliar vida familiar y trabajo, contribuyeron enormemente a la economía ilicitana.


No obstante, en paralelo a otros territorios de nuestro país, el sindicalismo y asociacionismo impulsó una serie de reivindicaciones para intentar combatir aquellos desequilibrios de la sociedad en una ciudad como Elche, en la que convivían diferentes modos y visiones sobre la vida: campo y ciudad, hecho a mano y maquinaria industrial, pasado y futuro, despacio y lento, sostenible y contaminante, individual y comunitario, etc.


Se trata, por tanto, de una redefinición del acervo y tradiciones que convierten a Elche en una ciudad singular, en un momento histórico que también estaba por definirse y en “transición” hacia lo que hoy conocemos.


A lo largo de este espacio expositivo destacamos algunas piezas del museo o de donaciones e, incluso, la recreación de una forma interpretativa de algunos espacios emblemáticos, como el supermercado Simago y su letrero inconfundible, además de incluir elementos gráficos que refieren al movimiento y acción de la ciudad.

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